1/9/14

Mudanzas

A partir de septiembre Passy en invierno se muda a Word Press. Los contenidos de estos 9 años siguen abiertos aquí  en muda a  os de estos primeros 9 años siguen abiertos aquessmismo. Puedes ver las nuevas entradas y una página más completa en http://www.leache.eu/blog/


15/8/14

Circulen

Repaso las fotos de Óscar Monzón en Karma, tan directas y modernas. Me gustan por el desparpajo, el color y ese aire libérrimo y descarado que recorre todo el libro. Al verlas de nuevo, me acuerdo de otras imágenes que tienen el mismo punto de partida y un resultado completamente diferente: forman la serie Inward de Camino Laguillo que está terminada tal vez un poco antes. También trata de conductores y pasajeros, localizados bajo un patrón regular, como si circularan bajo la mirada de un radar sentimental.

La presencia de Monzón es evidente para el sujeto: las fotos están tomadas con flash. De hecho hay quien le saluda levantado el dedo medio. Camino Laguillo parece haberse escondido para tomar sus fotos. Si el lector hace click en el video que las resume, verá en un fondo oscuro general, algunos brillos metálicos y, sobre todo, las expresiones ensimismadas de los conductores. El deseo o la prudencia de la autora coloca al espectador frente al gesto del pensamiento solitario y nocturno. 

Alguien dijo que la fotografía se parece más a la literatura que a la pintura. Aquí hay un buen ejemplo de cómo pueden escribirse cosas casi opuestas hablando de un tema idéntico. El problema es que la literatura exige una cantidad mínima de acción por debajo de la cual la lectura se hace difícil. Tal vez el lector exige hoy que esa cantidad de acción sea algo más elevada y así parecen entenderse mejor los gestos que retrata Monzón que la presunta uniformidad de los de Laguillo. Sin embargo, ¿no interrogan más estos rostros que aquellos? ¿No deja un final mucho más abierto la mujer que descubre a la fotógrafa que el joven que se mete una raya sobre un mapa de carreteras? No estoy seguro. Estoy a todo.

Otros que hablaron del mismo tema. 

Andrew Bush fotografió desde 1989 a conductores en su serie Vector Portraits. las imágenes están tomadas en Los Ángeles, el lugar perfecto para pasar unas cuantas horas al día dentro de un coche. Su estilo casi disciplinado: permite ver un parte determinada del lateral de cada vehículo -creo que todos circulando hacia la izquierda de la foto- y el rostro del conductor. El tamaño de este respecto del total de la imagen resulta pequeño, casi intrascendente. Parece que, por mucho que se le mire, la persona resultará insignificante dentro de la red de carreteras del Estado de California.


Matthew Porter se divirtió unos años haciendo saltar con Photoshop, algunos coches clásicos por las cuestas de San Francisco. Aquí, el elemento humano ha desaparecido de la vista por completo. Queda para el espectador una reminiscencia de las persecuciones de cine y la supresión absoluta del paso del tiempo. Ni protagonista ni tiempo. Un fetiche saltando sobre las calles de otro fetiche.

Formas de ver lo mismo para quienes dicen “eso ya está hecho”.



14/8/14

Los hechos, los otros

Queridos P. y R.:

Gracias pos vuestra recomendación. Devoré Los hechos como un chuletón casi crudo. Sellado, dicen ahora. Aquí, el toque de la plancha es el envío del manuscrito a Zuckerman y la carta que este le escribe pidiéndole que no publique el libro.


Se me pasaron por la cabeza muchas cosas; la asombrosa capacidad narrativa de Philip Roth, las comparaciones con la vida de uno mismo y con las ajenas. También las imposibilidades de algunos para la novela y cómo hay quien es capaz de agarrar las miserias más personales y convertirlas en buena literatura.


La constancia, claro. A la fuerza,  porque es lo que transmite Roth. Su enfrentamiento con los suyos,  con lo más sagrado, la imposibilidad de separarse de Josie durante tantos años; todos los contratiempos parecen dirigirse hacia el único objetivo de la escritura. No es así, por supuesto. Salvo raras excepciones, nadie planifica sus desastres para obtener un rendimiento artístico. Quizás la literatura juegue aquí con cierta ventaja. Es muy difícil obtener de un artista plástico una respuesta convincente en este aspecto. La evasiva es moneda corriente. Sin embargo, la escritura –al menos la buena- deja ver resquicios cuando no abismos.


La carta final de Zukerman me provoca unas enormes ganas de contestarle. Pero yo no soy Roth. Quiero decir que ese diálogo entre uno mismo y su alter ego no puede acabar nunca. Hay razones de sobra para seguir discutiendo hasta atisbar quiénes somos. Una de ellas es que, tal vez sea la única forma de saber quiénes son los otros.



Nos vemos pronto.

8/8/14

De donde venga la luz


Torie Rose DeGhett cuenta en The Atlantic la historia de la fotografía de Kenneth Jarecke en la autopista 80, camino de la frontera con Kuwait. Es una imagen terrible tomada en los últimos días de la guerra de Irak. Solo el Washington Post y Libèration la publicaron. Se parece poco a las que se ven desde hace algún tiempo en la prensa, cuando se informa de la barbarie humana en cualquier parte del mundo. El autor explica bien cómo la hizo pero sobre todo por qué la hizo.

3/8/14

Baudrillard y sus transparencias


Querido J.:

Cuando el Gobierno comenzó a dar publicidad a su Proyecto de Ley de Transparencia, estuve buscando qué leer para entender el concepto. Muchos europeos de quejan de que sus respectivaslegislaciones permiten tal grado de precisión que les resulta luego imposible hacerse una idea cabal de si los presupuestos son adecuados para sus funciones. Ya sabes: nadie está contento con lo que tiene.

El caso es que en encontré un número atrasado de la Revista de Occidente que se llama precisamente “La transparencia”. Hay artículos interesantes, aunque otros son fragmentos de novelas o ensayos recogidos con red de arrastre: unas páginas de La montaña mágica, otras del Elogio de la sombra y un cuento completo de Poe traducido por Cortázar.

A lo que voy. Me acordé de ti porque la Revista reproduce unas páginas de Contraseñas de Baudrillard y me vino a la cabeza la sobremesa en la que hablamos de las expectativas acerca de la filosofía. Recuerdo con qué energía defendiste la necesidad de que nuestros filósofos den contestación a las cuestiones actuales de la misma forma que lo hicieron en el pasado; recuerdo de qué manera te enfadaste cuando te hablamos de la extendida tesis según la cual solo podemos esperar preguntas y no respuestas.  

No podía apartar tus palabras de mi cabeza.  Ya verás que el autor hace salvedades como quien tira boyas o dispara bengalas pero resulta absolutamente provocativo. Se lea cuando se lea le asaltan al lector las noticias del día.

Un saludo,

“Cualquier  «transparencia» plantea inmediatamente el problema de su contrario, el secreto. Es una alternativa que no depende en absoluto de la moral, del bien y del mal: existe lo secreto y  lo profano, o sea, otra distribución de las cosas. Determinadas cosas jamás serán ofrecidas a la vista, se comparten en secreto de acuerdo con un tipo de acuerdo diferente de aquel que pasa por lo visible, como ocurre en nuestro universo, ¿qué ocurre con las cosas que antes eran secretas? Se conviertes en ocultas, clandestinas, maléficas: lo que era meramente secreto, es decir, propicio a intercambiarse en secreto, se convierte en el mal y tiene que ser abolido, exterminado.

Pero no es posible destruirlas: en cierto modo, el secreto es indestructible. Entonces será demonizado y atravesará los elementos para eliminarlo. Su energía es la energía del mal, la energía que proviene de la no unificación de las cosas, definiéndose el bien como la unificación de las cosas en un mundo totalizado.

A partir de ahí, todo lo que se sustenta en la dualidad, en la disociación de las cosas, en la negatividad, en la muerte, es considerado el mal. Por consiguiente, nuestra sociedad se empeña en conseguir que todo vaya bien, que a cada necesidad responda una tecnología. En este sentido toda tecnología está del lado del bien, o sea del cumplimiento del deseo general, en un estado de cosas unificado.

Actualmente vivimos en un sistema que yo llamaría de «cinta de Moebius». Si estuviéramos en un sistema de enfrentamiento, de confrontación, las estrategias podrían ser claras, basadas en una linealidad de las causas y los efectos. Se utiliza el mal o el bien en función de un proyecto y el maquiavelismo no está al margen de la racionalidad. Pero nos hallamos en un universo totalmente aleatorio donde las causas y los efectos se superponen, siguiendo el modelo de la cinta de Moebius, y nadie puede saber dónde se detendrán los efectos de los efectos”.

(…)

¿Es tan claro que la corrupción tenga que ser eliminada a cualquier precio? Nos decimos que, evidentemente, el dinero alimenta las fabulosas comisiones de la financiación armamentística o incluso su producción que sería, sin duda, preferible utilizarlo para reducir la miseria del mundo. Pero se trata de una evidencia apresurada. Como nadie pretende que el dinero salga del circuito mercantil, «podría» gastarse en un pavimentado general del territorio. A partir de ahí por paradójica que pueda parecer la pregunta ¿es preferible, desde la perspectiva del «bien» o del «mal» seguir fabricando o vendiendo armas de las que una parte considerable nunca serán utilizadas que hacer desaparecer un país bajo una capa de cemento? La respuesta a esta pregunta interesa menos que la toma de conciencia de que no existe un punto fijo a partir del cual podamos determinar lo que está totalmente bien o mal.

Se trata, sin duda, de una situación profundamente racional, y de una incomodidad total. Eso no impide que, de la misma manera que Nietzsche hablaba de la ilusión vital de las apariencias, podríamos hablar de una función vital de la corrupción en la sociedad. Pero como su principio es ilegítimo, no puede ser oficializado y solo puede operar, por consiguiente, en el secreto. Evidentemente, es un punto de vista cínico, moralmente inadmisible pero también una especie de estrategia fatal, que por otra parte, no es patrimonio de nadie y carece de beneficios exclusivos. Con ello reintroduciríamos el mal. El mal funciona porque de él procede la energía. Y combatirlo –cosa necesaria- conduce simultáneamente- a reactivarlo.

Cabe evocar aquí lo que decía Mandeville cuando afirmaba que una sociedad funciona a partir de sus vicios, o, por lo menos, a partir de sus desequilibrios. No por sus cualidades positivas, sino por las negativas. Si aceptamos este cinismo, cabe entender que la política sea –también- la inclusión del mal, del desorden, en el orden ideal de las cosas. Así pues no hay que negarla sino utilizarla, reírse de ella y desbaratarla”·

(…)

Contraseñas
Jean Baudrilard

Anagrama

PDF hasta la tapa