20/7/14

De Carrión a Burguete






























Querido J.:

Ya sabes que el valor de los huesos reside en lo que se edifica para contenerlos. Una astilla da lugar a una iglesia. Las proporciones son a veces tan inversas que asustan. Aquí, en san Zoilo han extendido las telas en que vinieron envueltas las reliquias del santo y es un gusto verlas porque no es habitual encontrar tejidos tan antiguos en tan buen estado.

Me he acordado de ti viendo la tela azul: tiene una tamaño espectacular, más de 2x2 m con 36 águilas exployadas. Los cuellos de las aves que forman la primera fila están recorridos por una banda roja con un texto árabe escrito en amarillo. ¿Qué? ¿te suena? Estoy seguro. Mira qué dice laWikipedia.

A mí me recuerda además a la forma en la que se tejen las leyendas. Un poco de biblioteca, una tela amarilla, una máquina de coser y un paseo hasta las campas de Burguete en el momento adecuado. 


Dice José Luis Serna que la tela azul no envolvió los huesos de san Zoilo; tal vez proceda de alguno de los sepulcros condales. Más leyendas.



El valor de los huesos de santo


En la Sacristía del monasterio, me he enterado de que Fernando Díaz, primogénito de los condes, trajo a Carrión los restos de san Zoilo junto con los de san Félix y san Agapio Obispo. Se vino de Córdoba con tan espléndido regalo después de luchar junto a Mahomat, frente a Alfonso VI. El rey le ofreció otras recompensas por su ayuda pero Díaz prefirió las reliquias. Está claro que los dos conocían el valor de los huesos de santo en el norte de la península.

A saber si los huesos son de quien se dice. En su tesis doctoral sobre la Evolución del patrimonio religioso en Carrión de los Condes, Lorena García cuenta que san Zoilo fue “un noble cristiano cordobés que fue cruelmente azotado, despedazado con garfio y finalmente degollado en el año 306, siendo muy joven, por haber renegado de la idolatría pagana.  Cuentan las crónicas que era tal su valor y aguante, que, consciente de todo, decía el mártir: “Cuanto más maltrates mi cuerpo que tienes ahora en tu flaco poderío, tanto crece más mi verdadero bien, que no teme tus tormentos…los que tú has de padecer, cuando comenzaren nunca han de acabar”. Su verdugo, al oír esto, abrió el cuerpo de San 
extrajo sus riñones, cortándole después la cabeza. Para que no pudieran encontrarle, su cuerpo fue despedazado y sepultado en un campo yermo junto al de algunos peregrinos”.  (No quiero imaginar cómo estaría Facebook en el siglo IV si hubieran existido pergaminos con cámara incorporada).

En cada esquina por la que paso se constata la necesidad del cuerpo y la cruel negación del otro a manifestar el sitio donde se encuentra, aunque, al menos con los siglos, se establecen diferencias.

Sigue Lorena García hablando de san Agapio: “Cuenta la leyenda que San Zoilo en el año 589 se apareció en una visión a San Agapio, revelándole donde estaba enterrado. Fue éste un caballero ilustre favorecido por los reyes godos que abandonó su riqueza para tomar el hábito de San Benito en Córdoba, donde ostentó la dignidad de Obispo. Fue quién se encargó de trasladar en procesión el cuerpo de San Zoilo a una iglesia sobre la que posteriormente erigió un monasterio bajo la advocación del mártir cordobés, donde el propio Agapio fue sepultado 1062”.

Esa veneración del cuerpo ya cadáver, de sus restos últimos –ese apego por el polvo sagrado de quien fue y ya no es, contrasta de tal forma con la negación de la carne viva en las mismas tradiciones que de la oposición de ambos excesos solo puede resultar el trauma. Me pregunto en qué momento cambiamos las reliquias por el cuerpo.



Juvenal, La Olmeda y la ciudad

Para acercarse a la villa romana de la Olmeda y olvidar el continente, es  recomendable armarse de un invisibilizador. Se venden a buen precio en librerías. Este que propongo me lo recomendó hace muchos años J., cuando en su negocio los libros aún estaban de canto en los anaqueles. –Escucha, escucha-. Me decía con el ejemplar el la mano y poniendo cara de pícaro. Con qué placer leía los pasajes más escabrosos de la sátira VI.

Lo traigo aquí porque Juvenal habla en algún momento de la huida al campo, de la  imposibilidad de vivir en la gran ciudad: “La cantidad de hierro para grilletes es descomunal, como para temer que falten rejas, que dejen de haber machotas y almocafres. Felices debes llamar a los abuelos de nuestros abuelos, felices a las generaciones que en otro tiempo, bajo reyes y tribunos, vieron a Roma bastarse con una sola cárcel. A estas podrías añadirles otras y numerosas razones pero las mulas me reclaman y el sol declina. He de partir pues ha tiempo que el mulero ha agitado la vara y me hace señas…”


Entre el viajero leyendo esto o cualquier otra cosa que le distraiga del edificio que guarda los restos de la villa, no sea que el trabajo de Paredes y Pedrosa le aparte del objeto deseado.

18/7/14

Garbanzos y facundia


Estrella dice que es dada a la facundia. Lo suyo es más bien verborrea. Ha abierto junto a una socia un pequeño restaurante con terraza frente a la iglesia de san Pedro. Dice que es hija de pastor aunque luego aclara que su padre tuvo cinco mil ovejas. Así –refiere- se ríe de los demás. Parece que necesita aclarar algunas cosas y se sienta a tu mesa en cuanto ve que no hay faena. Dice que también es para reírse el nombre que le ha puesto al establecimiento: el Chiringuito. Le preguntan los clientes por qué, si en Frómista no hay playa y con eso, ella se divierte. Enseguida puede hacerse uno la composición de su estado sentimental, económico y familiar cuando en realidad lo ideal sería preguntarle cómo prepara su socia los garbanzos con chorizo que nos ha servido para comer: unos garbanzos pequeños y sabrosos precedidos de una ensalada mixta en la que cada verdura y hortaliza sabe a lo que debe. El café está más que pasable. Y bueno, a todo se hace uno: Estrella sigue hablando de su vida pasada como sumiller, de la mala suerte a la hora de comprar vino demasiado bueno para el Chiringuito, que ahora tiene guardado por cajas debajo de la cama, de lo que espera de la vida y del maltrato que los bares del Camino infligen a los peregrinos. La vista de la fachada de san Pedro hace más llevadera la sesión de psicoanálisis, mientras el nombre de la paciente se repite en todas las sillas de la terraza, bajo la marca de una conocida cerveza.  Todo sea por demorar el paseo hasta la iglesia de san Martín de Tours, cuya restauración la convirtió en el mejor ejemplo del románico tambor Exín castillos.

16/7/14

La casa y el rostro del juez Elí























De la ornamentación del claustro de san Zoilo, esta imagen de Elí, uno de los jueces de Israel. 40 años impartiendo justicia para terminar así, viejo, desdentado y ciego. Elí parece escuchar la profecía de Samuel a quien él mismo había enseñado en la fe desde niño. 

“Un hombre de Dios se presentó a Elí y le dijo: «Así habla el Señor: Yo me revelé a la familia de tu padre, cuando ellos estaban en Egipto, bajo el poder de la casa del Faraón. Elegí a tu padre entre todas las tribus de Israel, para que fuera mi sacerdote y subiera a mi altar, para que hiciera arder el incienso y llevara el efod en mi presencia. Y asigné a la familia de tu padre todas las ofrendas que hacen quemar los israelitas. ¿Por qué entonces pisotean mi sacrificio y mi ofrenda, que yo prescribí para mi Morada? ¿Por qué honras a tus hijos más que a mí, haciéndolos engordar con lo mejor de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? Por eso, el Señor, el Dios de Israel, pronuncia este oráculo: Yo había dicho que tu familia caminaría siempre en mi presencia. Pero ahora –oráculo de Señor– ¡lejos de mí todo eso! Porque yo honro a los que me honran, pero los que me desprecian son humillados. Llegan los días en que amputaré tu brazo y el de la familia de tu padre, de manera que no habrá más ancianos en tu casa. Tú verás un rival en la Morada; y aunque todo le vaya bien a Israel, nunca habrá ancianos en tu casa. Sin embargo, mantendré a algunos de tus descendientes cerca de mi altar, para que se consuman tus ojos y se desgaste tu vida; pero todos los vástagos de tu casa morirán en la flor de la edad. Y te servirá de señal lo que les sucederá a tus hijos Jofní y Pinjás: ambos morirán el mismo día. En cambio, yo me suscitaré un sacerdote fiel, que obrará conforme a mi corazón y a mis deseos. Yo le edificaré una casa duradera, y él caminará en presencia de mi Ungido todos los días de su vida. Y todos los que subsistan de tu casa irán a postrarse delante de él por una moneda de plata y una miga de pan, y le dirán: Admíteme, por favor, a cualquiera de las funciones sacerdotales, para que tenga un pedazo de pan que comer»”.