07/11/09

Foto camuflaje




06/11/09

Agency of the urban subconscious















Autumn

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Lumadessa



















Flora y fauna

02/11/09

Una pequeña historia de la fotografía

Éste puede ser un buen test para la cosa del precio.

31/10/09

Play Time resume

30/10/09

Play Time for me

29/10/09

Jacques Tati y el Baluarte


Querido Cz:

Gracias por el catálogo de la expo de Jacques Tati.  Es estupendo. Me he acordado esta mañana de sus películas mirando los vanos del palacio de congresos. Qué inmerecida sombra reciben del Baluarte los pocos edificios de principios del XX que quedan en Pamplona. Este nudo gordiano en medio de la ciudad no lo cortó el Baluarte. Al contrario: nuevas sogas se añaden a las que ya formaban una trama complicada: El Corte Inglés –un inmenso rallador de queso- no hace olvidar el horrible edificio de la Seguridad Social ni éste la plaza de la Paz, ni ésta el cierre artificial de la muralla en la Avenida del Ejército. La pescadilla se muerde la cola, pero se la muerde tanto que llega a la cabeza. La escultura de Aquerreta no es mejor que la de Bartolocci: la paz y la memoria merecen, como mínimo, mejor suerte.

Perdona. Estoy divagando. Te decía que esta mañana me he acordado de Tati viendo los vanos del Palacio de Congresos  que dan a la calle Padre Moret. Estaba yo enfrente y me he asomado a una ventana. Ya sabes cómo son las cristaleras del Baluarte: enormes, inmanejables. Tal vez el arquitecto quiso darle “aire” a  este formidable aparato del que camufló hasta los pictogramas imprescindibles, pero ese “aire” se vuelve en contra del edificio en cada acontecimiento. Ya sea el rastrillo solidario, el congreso de la verdura o las conferencias de copete que se celebran estos días, todas acaban enseñando sus vergüenzas al ciudadano. Los paneles que sirven al congresista para entender el estado de la economía muestran sus cuartos traseros de madera aglomerada a los viandantes de la avenida del Ejército. En las ferias de anticuarios, los objetos que no se venden quedan expuestos al exterior, los restos de cualquier celebración quedan a la vista del paseante en un cuadro tamaño Schnabel enmarcado en madera de rápido deterioro. Qué te voy a contar que no sepas ya.

De nuevo me salgo de la senda. El caso es que de ventana a ventanal, he visto a los congresistas descansando entre charla y charla. Como treinta o cuarenta, todos de traje gris, más bien claro, prácticamente todos con el móvil en la oreja y todos paseando a grandes zancadas, de forma resolutiva, entre los paneles explicativos de la evolución de la industria automotriz y el cristal de los vanos. Estaba expuesto un Seat 1500 y alguna otra reliquia nacional, así que los hombres de negocios, sin dejar de parlotear, se inclinaban para echar un ojo por la ventanilla de los automóviles. Era una inclinación mecánica, igual para todos, justo desde la cintura, sin doblar las rodillas y entonces ¡ay! me he acordado de Jacques Tati, de tu catálogo, de sus películas. En aquella visión casi risible estaba concentrado todo su cine: Mi tío, Traffic, PlayTime…

Vuelvo a casa y leo al azar acerca de la libreta de gags de Tati. Siempre la llevaba encima por si se le ocurría cualquier situación cómica. Una vez utilizado en una película, tachaba el gag metódicamente para no repetirlo. Y así.

Saludos,

27/10/09

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Felipe de Orleans se cambió de nombre y no le sirvió de nada. Reynolds le pintó de cuerpo entero. Qué digo de cuerpo entero: cuerpo y medio vestido de húsar, pero el cuadro no es conocido. Se ven más otros, casi todos en noble. Apenas hay algún grabado en el que aparezca como diputado y queda una caricatura como rey de picas. Entró en la Asamblea y arengó a sus conciudadanos no muy lejos del domicilio del doctor Guillotin, en los jardines del Palais Royal. Allí queda algún café, ahora con poco movimiento, una buena colección de esculturas al aire libre, ni rastro de las izas y rabizas revolucionarias y la amenaza de Buren : destruir sus columnas por falta de conservación. No faltan reflejos.

Sobre el alias:

Une lettre écrite en 1793 de prison à son avoué Jean-Baptiste Lemaire, montre qu'il n'a jamais signé autrement: "Pourquoi m'appelez vous "Orléans" nom que vous savez que je n'ai pas signé depuis le début de l'assemblée constituante qui défendait de porter aucun titre ni nom de terre ? Est-ce qu'il y a un décret qui m'ordonne de m'appeler "Orléans" ? J'ai déjà fait cette question aux citoyens Gérard[3] et Voidel, mais je n'y ai reçu aucune réponse; peut-être serai-je plus heureux en m'adressant à vous. Je désire le savoir car s'il y en a un, il est trop ridicule à moi de continuer à signer "Egalité". Cependant ce ridicule serait bien involontaire puisque je n'ai aucune connaissance que je doive signer autrement"